Otra vez la calle.
-¡Cuidado, señorita!- me espeta un hombre.
Pasea un perro que lleva un corte ridículo. Pobre animal - el dueño, digo yo.
¡Me siento soberanamente confusa!. Vuelve el zumbido y me siento en una mampara fría justo a tiempo para ver nacer a una niña. El universo entra en mi y vuelve a escapar cuando siento su voz, un solo sonido, como siempre en mi vida, uno solo sonido que cambia el universo de dimensión.
Está morada, apgar 9, se la lleva otro hombre de ojos dulces que no se asusta frente a toda esa sangre y del que paro dos hijos más...y luego una mesa.
Sueños que se cumplen -(entre paréntesis)
Hace 2 días

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